martes, 25 de junio de 2013

LAS CAUSAS DE LA II GUERRA MUNDIAL. NEXOS HISTÓRICOS: CRISIS DEL 29, DESEO DE REVANCHA DE ALEMANIA E ITALIA, FASCISMO Y NAZISMO.



La Crisis del 29 fue la depresión financiera más larga en el tiempo, de mayor profundidad y que afectó a más naciones de las sufridas en la Edad Contemporánea. Asimismo, es considerada la causa más influyente en el estallido de la II Guerra Mundial (1939-1945).

            Anteriormente a la crisis hubo una expansión económica global, así como una política económica librecambista (pues los países europeos y USA intercambiaban productos entre sí, sin aranceles). No obstante, el incesante crecimiento de las acciones no se correspondía con la economía real, ya que se producía demasiado tanto en la agricultura como en la industria, sin ser vendidos todos los bienes. La excesiva inversión en bolsa de toda la población fue la que hacía crecer el precio de las acciones (generando beneficios rápidamente), y por lo tanto creer en la buena marcha de la economía. 

        Estos factores fueron la causa de una drástica crisis de desconfianza, cuyo primer efecto fue el hundimiento de los mercados de EE.UU. en menos de una semana en el año 1929, lo que conllevó la quiebra de numerosas empresas, entidades bancarias y familias. Esta caída del precio de las acciones hasta precios ínfimos fue ocasionada tras las órdenes de venta de la gran mayoría de las acciones, las cuales no fueron vendidas en su totalidad. Al no haber precedentes en los desplomes de los mercados, las autoridades no estaban preparadas para tal situación, por lo que no se tomaron medidas paliativas, como el cierre de la bolsa.
  

            La crisis alcanzó rápidamente todos los sectores económicos y se contagió a todas las naciones del mundo, ya que Europa dependía de Estados Unidos en el crédito, agudizándose la recesión hasta 1933, y siendo Alemania el país más afectado después de la superpotencia. Entonces comenzó a surtir efecto el New Deal, solución que consistió en la reactivación de la economía con la ayuda de la intervención del Estado, incrementando éste la inversión pública. También se intentó sostener a los que contaban con menos recursos económicos y se llevó a cabo una reforma bursátil y financiera.

            La Gran Depresión del 29 fue la principal causa del surgimiento de corrientes políticas tales como el fascismo y el nazismo. La desconfianza en la democracia y en su funcionamiento (la población creyó que la situación económica y la hiperinflación, dicho de otro modo, la rápida escalada de los precios y excesivo valor de los productos básicos era la consecuencia de la democracia, por lo que hubo un acercamiento a regímenes antidemocráticos), junto con el éxito del comunismo soviético (algunos sectores de las clases populares defendían el modelo socialista mientras otros se oponían férreamente, habiendo miedo por la instalación del comunismo y también división en la población), la culpabilidad a EE.UU. y la oposición al movimiento obrero por parte de la burguesía colaboraron con su auge.

          Por otro lado, otra causa fue el resultado de la I Guerra Mundial (1914-1918): Italia se vio menospreciada en las recompensas; y Alemania ansiaba una revancha porque su territorio e industria quedaron devastados. Asimismo, perdió todas sus colonias, y las regiones de Alsacia y Lorena. Pero lo que más contribuyó en alusión a la I Guerra Mundial fue la oposición al pago de los gastos del conflicto, una excesiva cantidad que Alemania debía remunerar según se acordó en el Tratado de Versalles.

         Dichas ideologías, el fascismo y el nazismo, reunieron ciertos rasgos comunes: la ultraderecha política, el sentimiento nacionalista, la presencia de un líder carismático, el irracionalismo, la política territorial expansiva, la existencia de un partido político único y la supremacía del poder ejecutivo y del Estado.

            Concretamente, en cuanto al nazismo, fue liderado durante la mayor parte del tiempo por Hitler en Alemania, alcanzando la doctrina su auge entre 1920 y 1945.
  

            Por otra parte, el fascismo más representativo fue el italiano, entre 1919 y 1943, cuyo líder fue Mussolini.

Sin embargo, hubo un fascismo menos radical en España entre 1923 y 1930, durante la Dictadura del General Miguel Primo de Rivera (apoyada por Alfonso XIII), el cual dimitió, entre otros factores, por la oposición a su gobierno debido a los terribles efectos de la Crisis del 29 en España y por el enfrentamiento que surgió entre todos los grupos e ideologías políticos tras el anteproyecto de la Constitución, también en 1929.
  

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